Claves Conceptuales del Paisaje

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Marco Conceptual

Definición.

El paisaje se define como “pintura o dibujo” y también como “porción de terreno considerada en su aspecto artístico”. En ambas definiciones se aprecia el rol del hombre como operador; interviniéndolo desde la interpretación a través del arte, con construcciones arquitectónicas e infraestructuras o con la producción a través de áreas cultivadas, forestación, parcelaciones. En todos los casos, se trata de un término que implica una dimensión proyectual clara y la proyección de la cultura sobre el territorio natural.

Desplazamientos.

A lo largo de la historia, el concepto de paisaje ha tenía varios significados y desplazamientos, ya que ha sido interpretado y apropiado por diferentes artes como la pintura, la literatura y la música; y también por distintas disciplinas que trascienden lo artístico como la arquitectura y el urbanismo.

La noción de paisaje surge en el mundo oriental, en China, hacia el SIV donde aparecen las primeras intenciones de interpretarlo desde la pintura.

Pero en el mundo occidental su origen se remonta al Renacimiento cuando se comienza a registrar el paisaje a través del arte. Aquí el paisaje empieza a aparecer como figura principal, ya que anteriormente se lo representaba como simple fondo de algún personaje o alguna escena religiosa.

En el SXVI se desarrollaron en Francia jardines inspirados en formas geométricas como los jardines de Versalles. Sin embargo, en el S XVIII la anticipación del romanticismo se plasmó en los jardines paisajistas ingleses volviendo a las formas naturales.

En 1862, Frederik Law Olmsted –arquitecto proyectista del Central Park- introdujo el término landscape architecture (arquitectura del paisaje), desplazando y ampliando el campo del término que antes aplicaba solamente a la jardinería (“Landscape gardening”) que fue creado por Humphrey Repton en la última década del SXVIII.

Con el Central Park, Olmsted materializó la arquitectura del paisaje construyendo un espacio público acorde a su tiempo.

Recientemente se han propuesto varios términos para definir el paisaje desde lo proyectual: landscape urbanism, land-art, arquitectura del paisaje, etc.

Fue James Corner quien propuso el término landscape urbanism para extender el marco de la disciplina y evitar su reducción, concibiendo al medio urbano como una sinergia entre lo natural y lo artificial.

El paisaje ha sido el resultado de un devenir histórico que hoy se instala con mucha fuerza en la manera de intervenir en el territorio desde la disciplina arquitectónica y urbanística, convirtiéndose en objeto de proyecto.

“Todo lugar ha pasado a ser entendido como un paisaje, sea natural o artificial, y éste ha dejado de ser ese fondo neutro sobre el que destacan objetos artificiales arquitectónicos (…). Así modificando el punto de vista, el paisaje pierde su inercia y pasa a ser objeto de transformaciones posibles; es el paisaje lo que puede proyectarse, lo que deviene artificial. ” [1]

Es dentro de este nuevo concepto que operar con el paisaje, sin dudas diferente a operar en el paisaje, pasa a ser un tema latente en el proyecto contemporáneo.

La siguiente expresión de Manuel Gaussa ilustra en este sentido  la relación entre paisaje y proyecto, enfatizando la actividad de proyectar y de construir el paisaje: “Lo que otorgaría fuerza al proyecto seria precisamente esa capacidad de impulsar el lugar – en el sentido de entrar en resonancia, sinergia e interacción con él y, al mismo tiempo, de “trascenderlo”, de “transversalizarlo” (o multiplicarlo) más que de “acabarlo” (o completarlo) – evidencia, así, sus potenciales; venciendo sus inercias; “desvelando” el paisaje de lo que “ya es” pero, también, de lo que “no es del todo” (…) Ser un lugar y al mismo tiempo convocar otros muchos.”[2]

El paisaje y proyecto en el territorio.

Se ha percibido durante el transcurso del siglo XX que el concepto de ciudad y su configuración ha cambiado. A principios de siglo pasado, solo 16 ciudades en el mundo tenían una población superior al millón de habitantes. Ahora más de 500 ciudades tienen más de un millón de habitantes. Muchas de ellas, con más de 10 millones de habitantes. Anteriormente la ciudad tenía un crecimiento físico, más parecido a una expansión radial en torno a un centro. Sin embargo en la actualidad, el crecimiento de la ciudad es exponencial y su desarrollo se asemeja a un esquema de malla, con centralidades dispersas en el territorio y con vínculos que trascienden sus fronteras geográficas. De esta manera, las ciudades no sólo se vinculan entre sí de forma física, sino que se crean redes de flujos virtuales que unen ciudades mediante relaciones extraterritoriales. Este proceso de globalización económica y de revolución informacional como lo definía Manuel Castells en la “Sociedad de los flujos” tiende a unas estructuras urbanas que modifican la antigua noción de ciudad, produciendo pliegues sobre el territorio menos antropizado, lo que resulta en una mayor interacción entre los nodos de esta malla con el entorno natural. O sea, resulta en un mayor número de interacciones entre lo natural y lo artificial.

Es entonces en este contexto y desde nuestra disciplina, que nos enfrentamos a la necesidad de proyectar de acuerdo a estas nuevas formas de urbanidad. Considerando los procesos. Instalando el proyecto de proponer nuevas formas de intervenir en el territorio respondiendo a las necesidades y demandas que plantea la nueva configuración. Como lo expresa Manuel Gausa: “Se trataría en definitiva de crear nuevos entornos para nuevas naturalezas, de potenciar nuevos paisajes para nuevas ciudades”2

Para esto parece apropiado el concepto de paisaje, para resolver el encuentro entre la ciudad y su entorno medioambiental -entendido como un conjunto de relaciones- dejando de lado las antiguas oposiciones natural-artificial, paisaje-urbanismo y proponiendo una mirada amplia que contemple el entorno y genere una nueva unidad de proyecto naturartificial.

En definitiva, se debe abordar la condición compleja e híbrida de las actuales formas de urbanidad y plantear escenarios de encuentro entre lo natural y lo artificial, entre arquitectura y paisaje. Conceptos que fueron históricamente antagónicos.


[1] Ábalos, Iñaki y Herreros, Juan. “Ábalos & Herreros”. Revista 2G nro. 2, Editorial Gustavo Gili, Barcelona, 2002.

[2] Gausa, Manuel. Otras “Naturalezas” Urbanas, Arquitectura es ahora geografía. Editorial Generalitat Valenciana, 2001.

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